12/6/10

Deudas y Burros

Ayer pirulando por la gran fuente de conocimiento que es Internet, encontre un texto que bien podría haberse aplicado para llevarnos a la situación económica y financiera por la que estamos atravesando. El texto tiene su punto y ofrece una buena lección que, salvo los burros que no se enteran de "na", como tantos, tendremos que tener en cuenta en lo sucesivo. Quedais advertidos. Como decía el viejo dicho "nadie da duros a peseta" y añado "y mucho menos nadie da cuatro pesetas cuando valen a cinco duros", salvo que pensemos que quien nos las ofrece es más gilipollas que nosotros, cosa difícil en los tiempos que corren.
El texto:
Se solicitó en mi pueblo a un prestigioso asesor financiero que explicara esta crisis económica de una forma sencilla, para que la gente de a pie comprendiera sus causas. Pero el genio se perdió en un farragoso análisis sobre bolsa, mercados finacieros, economía sostenible. De forma que no lo entendió ni Dios.

Entonces, el tío Santiago —antiguo "chalán" o tratante de ganado en las ferias, cuando estos y los compradores de mulos, burros y caballos regateaban y vendían o compraban en "reales"—, dirigiéndose al selecto auditorio, les habló tal que así:

"Un señor (por así decirlo), se dirigió a una aldea donde
nunca había estado antes y ofreció a sus habitantes 100 reales por cada burro que le vendieran. Buena parte de la población le vendió sus animales. Al día siguiente volvió y ofreció mejor precio, 150 reales por cada burrito, y otro tanto de la población vendió los suyos. Y a continuación ofreció 300 reales, y el resto de la gente vendió los últimos burros. Al ver que no había más animales, ofreció 500 reales por cada burrito, dando a entender que compraría a la semana siguiente todos los que pudieran reunir, y se marchó.

Al día siguiente mandó a un tratante (que era empleado suyo) con los burros que compró a la misma aldea para que los ofreciera a 400 reales cada uno. Ante la posible ganancia a la semana siguiente, todos los aldeanos compraron aquellos burros a 400 reales; y quien no tenía el dinero, lo pidió prestado. Como era de esperar, tanto el tratante, como el señor que prometió comprar burros a 500 reales, nunca más aparecieron por la aldea. Que, como resultado, quedó llena de burros y de endeudados.

De igual manera, esta gran aldea que llamamos Hispanistán se ha quedado llena de ladrillos y de hipotecas. Y también de burros. ¡Que ni siquiera saben rebuznar!"

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Cuando se abriga una convicción, no se la guarda como una joya de familia ni se la envasa herméticamente como un perfume demasiado sutil: se la expone al aire y al viento, se la deja al libre alcance de todas las inteligencias. Lo humano está, no en poseer sigilosamente sus riquezas mentales, sino en sacarlas de la cabeza, vestirlas con las alas del lenguaje y arrojarlas por el mundo para que vuelen.