Una de las cosas buenas que tiene el cumplir años, yo ya sobrepaso los cuarenta, es descubrir y discernir, como dice el dicho, entre hombres, hombrecillos, monos y monicanguillos, que bien podría ser una manera de dividir la humanidad que puebla la tierra. Hay muchas otras, incluso más acertadas que ésta, pero hoy me van a permitir hacer esta caprichosa clasificación.
Por supuesto aclarar que no influye para nada, el estar en una u otra categoría, el nivel cultural, el sexo, la posición social, la riqueza, la nacionalidad, la cultura, el color de la piel, etc., bueno ustedes ya me entienden. Más bien tiene que ver con la capacidad que tiene un individuo para generar más mala leche, o no. Si, hay gente que le da por tocar el piano y a otros le dá por tocarnos los... , bueno, otra cosa. A lo que voy, que me despisto. Esta clasificación de cuatro categorias al final se reducen a dos, hombres y monicanguillos, las otras solo se dicen para adornar la frase. Y una vez aclarado, lo que me interesaba aclarar, les invito a que piensen en el significado de estas otras palabras, en ocasiones compuestas por necesidad aclaratoria: Honor, vileza, indecencia, risa, mohíno, animado, alegre, resentido, rencoroso, verdadera-amistad, voluntad, tiranía, confianza, libertad, aprecio, desprecio, indiferencia, mala-leche, verdadero, falso, cotillo, sencillo, buena-gente, pernicioso, solidario, permisivo; y piensen que palabras se podrían incluir en la definición de las dos categorías planteadas, hombres y monicanguillos. Es fácil. Solo hay que dar a cada uno lo suyo. Y colocar a cada una en su lugar.
Otra de las cosas buenas que tiene la experiencia que te da la vida con los años, es saber elegir en menos de dos segundos que es mejor, ser afortunado que tener fortuna, aunque tenga que ser un anuncio de televisión el que haga que lo recuerdes.
Y por último lo que si que verdaderamente tiene de bueno el haber vivido más de cuarenta y tantos años, es descubrir que pese a todo y a pesar de todo, hay más hombres afortunados, que monicanguillos con fortuna.
Aunque seguramente lo mejor es ser un hombre afortunado con fortuna.
Regino Marmol
El Progreso del siglo XXI
3 julio 2007
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Cuando se abriga una convicción, no se la guarda como una joya de familia ni se la envasa herméticamente como un perfume demasiado sutil: se la expone al aire y al viento, se la deja al libre alcance de todas las inteligencias. Lo humano está, no en poseer sigilosamente sus riquezas mentales, sino en sacarlas de la cabeza, vestirlas con las alas del lenguaje y arrojarlas por el mundo para que vuelen.